Castillo de Hirosaki con cerezos en flor, Hirosaki, Japón
© Glenn Waters/Getty Image
El origen del poder. Castillo de Hirosaki, Hirosaki, Japón
El castillo de Hirosaki, en la ciudad japonesa del mismo nombre, es uno de los referentes de la arquitectura feudal del país. Construido a comienzos del siglo XVII por el clan Tsugaru, se alza rodeado por miles de cerezos que cada primavera transforman el foso y los jardines en un paisaje efímero.
Los castillos japoneses surgieron como centros de poder militar y administrativo durante el periodo feudal. Sus muros de piedra, torres de madera y complejos sistemas defensivos no solo respondían a la guerra, sino también a la jerarquía y el prestigio de los señores locales. Muchos fueron destruidos, reconstruidos o trasladados, lo que convierte a Hirosaki en un ejemplo excepcional de conservación.
Un paralelismo en España puede encontrarse en el castillo de Loarre, en Aragón. Aunque no comparte la tradición del cerezo en flor, su silueta románica destaca sobre un paisaje que en primavera se cubre de almendros en floración. Ambos espacios unen historia, naturaleza y simbolismo ligados al poder.
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