Cisnes cantores, estanque Kotoku, Japón
© Martin Bailey/Shutterstoc
Viaje sin fronteras. Cisnes cantores, estanque Kotoku, Japón
En los meses fríos de Japón, hay un instante matinal en el que el silencio se rompe, no con el viento ni con pasos, sino con un canto luminoso que se extiende sobre el agua. Los cisnes cantores han llegado, y de pronto el invierno parece despertar. Estas aves migran desde Siberia y el Lejano Oriente ruso, eligiendo Japón como refugio estacional porque sus lagos ofrecen lo que todo viajero anhela: aguas abiertas, alimento constante y un lugar seguro para descansar. El estanque Kotoku, el lago Kussharo y el lago Tofutsu, parcialmente libres de hielo gracias a manantiales naturales, se convierten en puertos invernales de confianza.
Con sus largos cuellos, plumas blancas y picos amarillos y negros, los cisnes cantores impresionan desde el primer instante. Su graznido, audible a kilómetros, acompaña vuelos coordinados y amaneceres memorables. En Japón su dieta es sencilla: granos, plantas acuáticas y hierbas. Su regreso cada invierno anuncia que los humedales siguen vivos, que el ecosistema prospera.
Y, aunque parezca una especie lejana, el cisne cantor puede ser ocasionalmente visto en España durante la migración, sobre todo en zonas costeras y humedales, donde a veces deja una estampa inusual y bellísima.
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