Parque Nacional White Sands, Nuevo México, EE. UU.
© Francesco Carucci/Getty Image
Un desierto disfrazado. Parque Nacional White Sands, Nuevo México, EE. UU.
Si “Frozen” cambiara el hielo por arena, el resultado se parecería al Parque Nacional de White Sands, en Nuevo México, Estados Unidos: un mar de dunas blancas que engañan a la vista y permanecen frescas incluso en pleno verano. Este lugar fue declarado monumento nacional en 1933 para proteger un fenómeno geológico excepcional: el mayor campo de dunas de yeso del mundo, formado durante miles de años a partir de cristales descompuestos.
Situado en la cuenca de Tularosa, el parque ocupa más de 580 kilómetros cuadrados y esconde una historia muy anterior a su protección. En sus arenas se han descubierto huellas humanas fosilizadas junto a mamuts y perezosos gigantes, uno de los registros más valiosos de la Edad de Hielo en el continente americano.
Aunque el paisaje parece austero, la vida se adapta con ingenio. La yuca jabonera alza sus tallos, los arbustos se aferran al subsuelo y animales como el ratón de bolsillo Apache o el lagarto sin orejas blanqueado se confunden con la arena. Su aspecto irreal ha atraído al cine, del mismo modo que el desierto de Tabernas en Almería, convirtiendo White Sands en un escenario que invita a ser explorado.
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