Pingüinos de Adelia, Antártida

Pingüinos de Adelia, Antártida

© Otto Plantema/Minden Picture

Al agua, lección a lección. Día Mundial de los Docentes

¿Qué puede enseñarnos un pingüino de Adelia, un ave de apenas setenta centímetros? Bastante. En el Día Mundial de los Docentes, esta especie de las costas de la Antártida ofrece una lección de ingenio, resistencia y algo de picaresca. Debe su nombre a Adèle, esposa del explorador francés Jules Dumont d'Urville, que dio con la especie durante una expedición en 1840.

Construye sus nidos con piedrecitas: los machos las reúnen para atraer a las hembras y algunos, sin demasiados escrúpulos, las roban del nido vecino. Pequeños pero muy peleones, defienden su territorio a golpes de aleta, y para cruzar la nieve se tumban sobre el vientre y se deslizan como trineos.

En el agua nadan con una agilidad notable para cazar y esquivar a las focas leopardo. Verlos de cerca exige un viaje larguísimo: España mantiene dos bases científicas en las islas Shetland del Sur, Juan Carlos I y Gabriel de Castilla, ocupadas cada verano austral.

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