Luciérnagas brillando sobre un arroyo, prefectura de Okayama, Japón

Luciérnagas brillando sobre un arroyo, prefectura de Okayama, Japón

© tdub303/Getty Image

La luz de la naturaleza. Luciérnagas, prefectura de Okayama, Japón

En la prefectura de Okayama, en Japón, las luciérnagas —conocidas como hotaru— transforman las noches de verano en un espectáculo silencioso sobre el agua. Cuando el aire húmedo envuelve arroyos y estanques, comienzan a brillar unas horas después del atardecer, creando una coreografía de luz que invita a la calma.

Aunque parecen frágiles, no son moscas, sino escarabajos ligados a entornos acuáticos. Sus destellos nacen de una reacción química precisa que permite a cada especie reconocerse, mientras sus larvas, discretas y voraces, se alimentan de pequeños invertebrados. En Japón, contemplarlas —hotaru-gari— es una tradición que evoca la fugacidad de la vida, presente también en su arte y literatura.

En España también es posible ver luciérnagas en zonas húmedas como Galicia o el norte peninsular, aunque de forma más discreta. Allí y aquí, su breve luz nos recuerda que incluso lo pequeño puede iluminar toda una noche.

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