Arco de Santa Catalina, Antigua Guatemala, Guatemala

Arco de Santa Catalina, Antigua Guatemala, Guatemala

© Filippo Maria Bianchi/Getty Image

Pasadizo a plena luz. Arco de Santa Catalina, Antigua Guatemala, Guatemala

El Arco de Santa Catalina, en Antigua Guatemala, no fue concebido para deslumbrar a nadie: nació en 1693 como solución discreta a un dilema conventual. Las monjas de clausura necesitaban cruzar la calle para pasar de un edificio a otro sin ser vistas desde el exterior, y este puente cubierto fue la respuesta. La privacidad, no el espectáculo, creó uno de los monumentos coloniales más fotografiados de Centroamérica. La ironía tiene buena memoria.

La ciudad que lo acoge lleva siglos navegando entre la grandeza y la ruptura. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, Antigua atesora su trama colonial mientras porta las cicatrices de los terremotos que la han sacudido repetidamente, incluido el devastador seísmo de 1773 que obligó a trasladar la capital al emplazamiento de la actual Ciudad de Guatemala. Su estilo barroco bebe directamente de la arquitectura religiosa que España exportó durante el período colonial, la misma que hoy puede admirarse en los conventos del centro histórico de ciudades como Toledo o Salamanca. Bajo el arco, el Volcán de Agua cierra el horizonte con pasmosa indiferencia, como si siempre hubiera sabido que ese puente construido para ocultar terminaría siendo la imagen más icónica de toda una región.

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